Cri-cri, cri-cri
Anda y anda sin parar.
Anda en tu mundo y no despiertes hoy.
Un poquito, poco más.
Una hora de felicidad.
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¡Es posible contar las historias de tanta gente!
De la panadera: que trabaja sin parar todo el día, está preocupada por el cierre de un contrato para fijar ese local como suyo y por el abandono repentino de su socio, que en casa es un poco desordenada para el gusto de su marido, que le gustaría tener dos hijos y que cree que nunca conseguirá ser feliz completamente. Por otro lado, le gusta el politiqueo.
Del marido de la vecina de al lado: que tiene una voz grave que suele sorprender a toda persona a quien intenta dirigirse, que es bastante cerrado de mente aunque cree lo contrario, que ha conseguido sacar adelante con su trabajo de vendedor de pipas a una mujer refunfuñona pero muy agradable, y a un hijo desagradecido que dedica su tiempo libre a engañar a su padre con el hijo que desearía.
De esta persona que tengo aquí al lado: que no la conozco, pero que huele a un vino de supermercado catado sin ninguna delicadeza, su ropa es una mezcla de andrajo y humo y es el que tiene la peor pinta del vagón. Su mirada, perdida ya al principio del túnel, responde a las pocas ocupaciones que parece tener.
De mí: que tengo una vida extremadamente ajetreada para el gusto de la sociedad y demasiado aburrida para el mío.
De ti: que por alguna extraña razón has llegado hasta esta frase, que te gustaría estar haciendo otra cosa o que un plan tentador podría abordarte de repente.
En fin, las historias están escritas para quien quiera leerlas. Escucharlas. Transformarlas. Vivirlas.
Sentirlas.
Dahlia.




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